Hacia la comprensión de la complejidad genética
Hacia la comprensión de la complejidad genética

Hacia la comprensión de la complejidad genética

Por Almudena Zaragoza. Bióloga.

Todo lo que puedo mostrar es que el talento y las peculiaridades de carácter se encuentran en los hijos, cuando han existido en cualquiera de los padres, en un grado sin duda mayor que en los hijos de personas comunes y corrientes. Si hombres talentosos se emparejaran con hombres talentosos, mujeres, de las mismas características mentales y físicas que ellas, generación tras generación, podríamos producir una raza humana altamente educada, sin mayor tendencia a volver a tipos  ancestrales más malos que la que muestran nuestras razas de caballos de carreras y zorros establecidos desde hace mucho tiempo.

Francis Galton

Siempre nos cuentan en los libros que la herencia genética es una especie de libro de instrucciones donde nuestro destino está ya escrito, frases coloquiales como “lo llevas en los genes” o “eso lo has heredado de tu padre” refuerzan la idea de que estamos sujetos a un destino controlado por nuestro ADN. Ahora además, estamos expuestos a la propaganda de las llamadas terapias génicas, diseñadas para cambiar nuestros genes defectuosos y no sólo eso, sino a “prevenir” enfermedades genéticas con test que miden nuestra predisposición al cáncer, por ejemplo. Es de tal magnitud el negocio biotecnológico/farmacéutico que hay detrás, que hasta los seguros de salud empiezan a incluir estos servicios y tenemos ya instaurada en el calendario vacunal de los que se atreven aún a inyectarse estos productos, la famosa vacuna COVID diseñada con ingenería genética.

El concepto de herencia que todos creemos demostrado por “La Ciencia” ese ente omnisciente poseedor de “La Verdad” y que justifica este lucrativo negocio de los genes, no puede estar menos alineado con la realidad, lo cuál viene siendo la norma en la biología ortodoxa. Por ello, si queremos entender realmente qué nos define como seres vivos y cómo funciona la información genética, tenemos que estar dispuestos a romper con todo lo que nos han enseñado en las escuelas y universidades.

Empecemos por el principio, el concepto de genética nace en el mismo corazón del darwinismo victoriano de la mano de la eugenesia, corriente ha llegado a dominar el mundo y que proponía que nuestros rasgos genéticos están escritos cual diccionario o novela en nuestras células cosas tales como el comportamiento, o los rasgos físicos y por tanto, se buscó mejorar la especie humana a través del control de la reproducción. Hoy en día, esas creencias han derivado en políticas destinadas a controlar el crecimiento y “la calidad” de la población humana, muy inquitante.

Con respecto a las cualidades morales, aun los pueblos más civilizados progresan siempre eliminando algunas de las disposiciones malévolas de sus individuos. Veamos, si no, cómo la transmisión libre de las perversas cualidades de los malhechores se impide o ejecutándolos o reduciéndolos a la cárcel por mucho tiempo. /…/ En la cría de animales domésticos es elemento muy importante de buenos resultados la eliminación de aquellos individuos que, aunque sea en corto número, presenten cualidades inferiores.

Charles Darwin
De la eugenesia victoriana a la “biología de mercado”

Para comprender dónde estamos, siempre debemos mirar hacia atrás y queda claro que el concepto tradicional de gen que nació en el siglo XIX no como una verdad científica objetiva, sino vinculado a corrientes eugenésicas inspiradas por Francis Galton y el entorno darwinista nos impusieron en los libros de texto aquella visión que pretendía encasillar el comportamiento, las capacidades e incluso las enfermedades en unidades discretas e independientes que se heredaban de forma lineal. Tanto es así, que en todas las escuelas a futuros estudiantes de ciencias se les impone la genética mendeliana.

La idea de que las “Leyes de Mendel” son verdades o hechos naturales universales descubiertos directamente por Gregor Mendel en 1865 es una construcción pedagógica posterior, fue el genetista de la Universidad de Columbia Thomas Hunt Morgan quien creó formalmente la división pedagógica en 1916 durante unas conferencias en la Universidad de Princeton, publicadas en su libro A Critique of the Theory of Evolution. Morgan no lo hizo por el bien del conocimiento humano sino por su propio interés ya que estas afirmaciones confirmaban sus trabajos sobre los cromosomas a modo de cuentas de collar y le apoyaban en el debate prúblico contra su William E. Castle (de la Universidad de Harvard) sobre si los genes pasaban intactos a las siguientes generaciones.

Entre 1920 y 1950, los libros de texto de biología adoptaron masivamente la imposición para que se alinease con la filosofía de la ciencia de la época, dando a la biología una fachada tan rigurosa y “científica” como la de la física o la química. Aún con todo, las “Leyes de Mendel” memorizadas por todos los estudiantes del mundo, son un simple modelo que no se cumple en la naturaleza y por tanto, una mera invención humana. Pero ésto no frenó a los eugenistas y en ésta misma época nace la “sintesis moderna o neodarwinismo” para dar un marco de referencia “más científico” a los prejuicios victorianos.

La síntesis evolutiva moderna, también llamada simplemente neodarwinismo, es la integración de la teoría de la evolución de las especies por selección natural de Charles Darwin, la teoría genética de Gregor Mendel como base de la herencia biológica, la mutación genética aleatoria como fuente de variación y la genética de poblaciones matemática. Las figuras importantes en el desarrollo de la síntesis moderna incluyen a Thomas Hunt Morgan, R. A. Fisher, Theodosius Dobzhansky, J. B. S. Haldane, Sewall Wrigth, W. D. Hamilton, Cyril Darlington, Julian Huxley, Ernst Mayr, George Gaylord Simpson y G. Ledvard Stebbins, muchos de ellos importantes figuras del movimiento eugenésico.

Y así la teoría de la herencia de caracteres lineales “un gen – una proteína – un caracter físico”, esa linealidad, ese determinismo, quedó grabado en toda la población mundial como verdad universal en el imaginario popular, justificando verdaderas atrocidades desde el colonialismo inglés que exterminó pueblos enteros, la higiene racial de Estados Unidos y sus esclavos, el nazismo en Alemania y políticas de esterilización, aborto y hasta eutanasia.

En los hombres civilizados esos dos componentes de valor selectivo, superioridad adaptativa y éxito reproductivo no suelen coincidir. Los individuos con una dotación genética por debajo de la media no necesariamente hacen una contribución por debajo de la media al pool genético de la siguiente generación. La separación en las sociedades modernas del mero éxito reproductivo de la adaptación genuina plantea un serio problema para el futuro de la Humanidad.

Ernst Mayr

Necesitamos una generación de control de la natalidad para eliminar a los inadaptados y crear individuos autosuficientes, inteligentes y responsables. Nuestras leyes de migración prohíben la entrada a este país de personas pobres, dementes, débiles mentales y enfermos de otras tierras. ¿Por qué no ampliar la idea y desalentar el nacimiento de estos mismos tipos dentro de nuestras fronteras? Dejemos de reproducir y perpetuar la enfermedad, la locura y la ignorancia.

Margaret Sanger (fundadora de la Liga Estadounidense para el Control de la Natalidad (American Birth Control League). Dicha Liga se convirtió en 1942 en la Federación Estadounidense para la Planificación Familiar (Planned Parenthood Federation of America – PPFA).

Fuente.

Hoy en día, esta visión reduccionista se mantiene viva gracias a la “biología de mercado”. La investigación biológica se ha transformado en una carrera biotecnológica orientada a la producción de patentes, pruebas de diagnóstico y promesas comerciales de terapias génicas. Se vende a la sociedad la idea de que la enfermedad reside en un “gen defectuoso” aislable y reemplazable, ignorando que los seres vivos somos redes complejas e interdependientes en constante diálogo con el entorno.

En el año 2001, cuando se presentó el primer borrador del genoma humano, los defensores del dogma genocéntrico sufrieron un enorme varapalo. Se descubrió que solo un 1,5% del genoma correspondía a exones (las secuencias que codifican directamente proteínas). ¿Qué hicieron con el 98,5% restante? Durante más de quince años lo etiquetaron impunemente en los libros de texto como “ADN basura” o “ADN egoísta” simplemente porque no encajaba en sus esquemas.

Hacia la biología de sistemas y la nueva Biología.

Afortunadamente, el proyecto ENCODE vino a sacar a la luz la verdadera magnitud de la vida. La ciencia ha tenido que reconocer que esa enorme cantidad de “basura”, el 98,5% de nuestra información como seres vivos, es en realidad una inmensa red de control y regulación que no cumple ninguno de los cánones eugenésicos y aquí vemos lo que durante décadas fue negado:

  • Elemento móviles y repetitivos (45%): Transposones y secuencias fundamentales para la reorganización genómica.
  • Intrones y regiones UTR (36%): Claves para el procesamiento del ARN y el splicing o empalme alternativo.
  • Retrovirus endógenos (8%): Secuencias víricas integradas en nuestro ADN que cumplen funciones fisiológicas trascendentales, como el desarrollo de la placenta en los mamíferos.
  • Espacio intergénico y regulador (17,5%): MicroARNs, pseudogenes activos y regiones de control

ENCODE que hoy en día sigue funcionando y publicando datos absolutamente fascinantes como un artículo de julio de este año, nos demuestra que la información genética, ni es lineal, ni es determinista. Un sólo segmento de ADN no equivale a una sola proteína; mediante el empalme alternativo y las modificaciones celulares, una misma secuencia puede dar lugar a decenas o cientos de productos funcionales distintos según las necesidades del organismo y del tejido. Tanto es así, que se han mapeado 92 millones de interacciones reguladoras en cientos de tipos celulares, que ni mucho menos dependen del azar sino del ambiente, campo que estudia la epigenética que demuestra que son las vivencias y los hábitos los que regulan la expresión de la información genética que responde a cada momento vital con sus condiciones específicas ¡Qué bella complejidad!

Pero es que además, en la célula viva no existe una molécula de ADN rígida e inmutable. El ADN es una estructura viva que se pliega, gira y se mueve espacialmente en tres y cuatro dimensiones (incluyendo el tiempo), interactuando dinámicamente con el ARN, las proteínas y el ambiente celular. La información genética, además, no está almacenada exclusivamente en la secuencia de nucleótidos del ADN, es una propiedad emergente que surge de la interacción coordinada entre el ADN, el ARN, las proteínas y el entorno. Así como no se pueden explicar las propiedades del agua estudiando únicamente el átomo de hidrógeno o de oxígeno por separado, no se puede explicar la vida aislando un fragmento de cadena genómica, ni “curar” una enfermedad eliminando un gen.

El genoma funciona en realidad como un conjunto de “sílabas genéticas”. Es el metabolismo celular y el contexto ambiental el que organiza esas sílabas para formar palabras coherentes en el hígado, en el corazón, en el cerebro o durante el desarrollo embrionario.

Cuando comprendemos el desarrollo embrionario, vemos que la vida se organiza en paquetes complejos de información —como los genes Homeobox— que coordinan patrones arquitectónicos enteros en cascada. Pretender modificar o cortar una pieza mediante ingeniería genética asumiendo una relación lineal es una temeridad epistémica. Las redes biológicas son interdependientes; si tocas un punto, provocas una respuesta en cascada impredecible

Las enfermedades mal llamadas “genéticas” no suelen ser el resultado de un gen aislado defectuoso ni de un “error de copia” de la evolución. Son, en la inmensa mayoría de los casos, desregulaciones de la maquinaria de expresión génica provocadas por agresiones, tóxicos o desequilibrios en el ambiente.

Como decía una célebre cita de Buckminster Fuller que me encanta recordar: no puedes cambiar la realidad luchando contra el modelo existente; para cambiar algo, construye un modelo paralelo que lo sustituya.

El reduccionismo genético se desmorona ante la evidencia empírica. Es hora de abandonar el lenguaje del miedo y del determinismo y avanzar hacia una biología de redes y sistemas que reconozca la complejidad, la cooperación y la capacidad de autoorganización de la vida. La naturaleza no es un campo de batalla de genes egoístas, sino una red interconectada donde la información fluye en constante armonía con el entorno.

La idea de que el ADN es una especie de molécula milagrosa en la que están contenidos los códigos que gobiernan la vida, en la que los “genes” son los responsables directos de la construcción de los organismos, de sus características, de sus defectos o enfermedades e incluso de su comportamiento, es derivada de una visión reduccionista o simplificadora que persiste de forma sospechosa.

Máximo Sandín.

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